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Copyright 2015. Luis Ricaurte. Derechos Reservados.

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La Gran Cena.

La obra y la desgracia de ser “comprendida” en forma desmedida lleva al desprecio la idea inicial, su valor creativo termina como una noticia de farándula dominical, llena de escándalo. Cuando nos disponemos a recrear en el trabajo del lenguaje, la esencia de una obra termina por rendirse a la idea otra que conduce al mito, de esta manera termina siendo el intento desmejorado de lo sagrado. La importancia de la obra de Luis Ricaurte Buen Día radica en su trabajo por amenizar una gran cena como lectura de Cien años de soledad en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, se discute en la intertextualidad de un otra realidad más allá de un mero papel subordinado a las estructuras protocolarias o de quien a manera de intruso desgasta al anfitrión con críticas incisivas.

“Buen Día” rescata la pregunta básica sobre el tiempo, nos lleva directamente a la reinvención mítica del génesis, a las interrogantes por el cosmos. ¿De donde partimos? y ¿porqué llegamos aquí?, a una realidad del espacio en torno al inmenso panorama del infinito, a un mar de deterioro en el inmenso minuto de la nada, a la “vieja juventud” como si sólo fuésemos el HOY fundidos en el pasado.

Ricaurte no responde a algo, más bien pregunta, si en realidad eso que llamamos realismo mágico, no es otro eslogan más para definir nuestra naturaleza inconforme a una sociedad americana llena de sueños perpetuos disfrazados con magia, o ¿el artificio para reunirnos en torno a un falso prototipo surrealista?. Un “realismo” es ya una magia de maravillas, por eso no se podría hacer mejor cuestionamiento en estos días a una idea tan colonizadora como la imagen fotográfica construida digitalmente de un párvulo en su mayor desnudes con la mirada tuerta sobre un engranaje sin fin y el rumbo significado en un tacómetro de automóvil.

No hay mejor reclamo a esa realidad-magia, que la confusión generada por una impresión digitalizada, medio que la publicidad somete a sus anchas para fines de consumo y que Ricaurte utiliza e instala dentro de un recinto reservado a la consagración del muralismo oficial, ¿es o no un pasado lo que admiramos hoy?, es o no la gran pregunta que el Maestro García Márquez hace y seguirá haciendo pese a la soledad del triunfo en cien años. Buen Día -dice Ricaurte-, ¡imagino para todos!, como si fuese la única relación con la obra de Márquez, pese al pasado y el peso de la ley, el coronel Aureliano tenía siempre buenos ratos y puede ser que sin lugar a dudas, el único momento feliz de esta América, está en el retiro y las pensiones recibidas por una militancia ineficaz premiada, una autoridad sin méritos, una nómina estatal, una guerra entre hermanos con subsidio.

“Buen Día” es la frase exacta para no cargarse de culpas y procrear de manera sana al otro con una estrella en la frente y una gorra en la mano. Iván Leroy

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